Colombia Magia Salvaje

Colombia Magia Salvaje

La madrina de los perezosos

Detrás de la aparición de uno de los protagonistas de Colombia Magia Salvaje hay una mujer y un grupo de campesinos que han unido esfuerzos para proteger el hábitat de estas especies.

“Todo esto comenzó el día que me cansé de construirles jardines a la gente rica de Medellín y me fui a buscar un lugar en el que pudiera convertir mi amor por la naturaleza en un servicio social de mayor impacto para la gente”, recuerda Elena Posada, la fundadora de la Reserva Natural Viento Solar. Hasta entonces, ella se había desempeñado como diseñadora de paisajes en la capital antioqueña y disfrutaba de una situación económica holgada que le permitía vivir sin mayores sobresaltos.

Pero le pudo más su fijación por conocer paisajes inexplorados en los que pudiera construir un proyecto con el que soñaba desde muy joven. No le importaron las críticas ni las burlas de su familia que le decían que “se la pasaba de rastrojo en rastrojo”. Esta ecóloga paisa decidió vender todo lo que tenía e invertirlo en una porción de tierra en San Bernardo del Viento, un municipio costero ubicado en el departamento de Córdoba.

A pesar de la belleza del lugar, al poco tiempo Posada decidió venderlo e ir a buscar un espacio más salvaje en el que no hubiera tanta presencia de turistas y de cachacos, como ella llama a la gente del interior que por entonces pululaba en la zona. En ese momento ni se le pasaba por la cabeza que su obstinación le iba a traer tantos beneficios a una especie que, a pesar de la ternura que genera, se encuentra dentro de las más amenazadas de este país. Ni tampoco que iba a encontrar en los campesinos de la región a sus principales aliados.

Entonces cogió camino hacia el sur recorriendo toda la costa y encontró el sitio de sus sueños. Fue en el corregimiento de Río Cedro, en el municipio de Moñitos, en donde reconoció todos los elementos que necesitaba para echar andar su idea. “En esta región está uno de los últimos relictos de bosque seco tropical que aún quedan en el país. Y yo siempre supe que mi misión era tratar de proteger estas riquezas naturales antes de que desaparecieran de la faz de la tierra”, cuenta Elena.

De acuerdo con datos del Instituto Humboldt, los bosques secos tropicales cubrían originalmente más de nueve millones de hectáreas del país, pero hoy solo queda apenas un ocho por ciento de esa cifra. La razón es que la relativa fertilidad de estas tierras ha llevado a que sean explotadas con actividades agrícolas y ganaderas, lo cual se ha traducido en una serie amenaza para la biodiversidad de estos ecosistemas.

En los bosques secos de Colombia habitan cerca de 2600 especies de plantas,  230 de aves y 60 de mamíferos, gran parte de las cuales son endémicas (que no se encuentran en otros ecosistemas). Una de ellas es el popular perezoso, un animal frecuentemente relacionado con el oso pero que técnicamente no debe ser catalogado como tal. Actualmente, el perezoso es una de los animales con mayor riesgo de extinción por cuenta de la desaparición de su hábitat natural.

Esta alarmante situación está siendo parcialmente mitigada por la labor de personas como Elena Posada. Desde que bajo su liderazgo se constituyó la Reserva Natural Viento Solar en un territorio de 600 hectáreas, esta zona del norte de Colombia se ha convertido en un corredor biológico de conservación que les ha permitido a cientos de perezosos (y a muchas otras especies) mantenerse a salvo de la desaparición.

Posada aclara que aparte de la belleza de los ecosistems, también se sintió cautivada por la bondad de la gente que habita esta región. Allí los campesinos estaban prácticamente acorralados por la expansión de las fincas ganaderas. “Por eso cuando les comenté la idea de crear este espacio de conservación, se mostraron muy interesados y al poco tiempo decidieron que juntáramos todos los esfuerzos para lograr este propósito”, agrega.

Hoy la Reserva Natural Viento Solar involucra a más de 60 familias campesinas que han encontrado en este trabajo de conservación una fórmula para mantenerse en sus territorios. A través del ecoturismo, la agroecología y los talleres de educación ambiental no solo se ha hecho posible la supervivencia de los osos dentro de sus bosques, sino que se ha creado una red de personas que los cuidan, los respetan y derivan su sustento de que estos sigan existiendo.

Gracias a este trabajo colectivo, el perezoso pudo convertirse en unos de los protagonistas de Colombia Magia Salvaje. Por recomendación de la Fundación AINAU, el equipo de productores y realizadores de esta película sin precedentes sobre la biodiversidad colombiana hizo contacto con Elena Posada y le solicitó autorización para filmar uno de los cerca de 150 ejemplares que habitan en Viento Solar. En el siguiente video se encuentra el resultado de esta parte de la filmación.

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